miércoles, 6 de mayo de 2009

RAMÓN CARRILLO: MEDICINA Y POLÍTICA



“Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.”


En estos días, mientras el dengue está castigando a nuestra gente, los medios de desinformación quieren responsabilizar al Estado de todos los males que padece la población. Olvidan maliciosamente los estragos y la pobreza producidos por el Neoliberalismo y sus secuaces (medios, corporaciones, partidos políticos de oposición, SRA y agroexportadores...). La sociedad insolidaria quiere prevalecer por sobre los problemas estructurales que nos aquejan y algunos estertores de derecha y reaccionarios intentan sobrevivir a su ocaso. Dos modelos de Nación se enfrentan y se miran a los ojos.

Es importante recordar y reivindicar a los patriotas olvidados por el stablishment, para seguir su ejemplo en la construcción de una patria justa y solidaria.


Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906, en Santiago del Estero, una ciudad pequeña por aquel entonces. Fue no sólo el primer Ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina, sino el mentor y ejecutor del Plan Sanitario mejor diseñado y ejecutado en el país.

Luego de cursar estudios primarios y secundarios en su ciudad natal, guiado y alentado por su vocación, parte rumbo a Buenos Aires, para iniciar la Carrera de Medicina. Cursa esta carrera de manera brillante y obtiene, al recibirse en 1929, la Medalla de Oro al mejor alumno de su promoción.

Desde estudiante se inclina hacia la neurología y la neurocirugía, colaborando con el Dr. Manuel Balado, eminente neurocirujano de la época, con quien realiza sus primeros trabajos científicos. Ya recibido abraza definitivamente estas especialidades y obtiene una beca universitaria para perfeccionarse en Europa, donde trabaja e investiga junto a los más destacados especialistas del mundo, entre ellos Cornelius Ariens Kappers.

Regresa a Buenos Aires en plena “Década Infame”, donde puede vivenciar el sistemático saqueo y destrucción que sufre su patria, en un periodo caracterizado por la profunda decadencia moral de la dirigencia, donde se impone la corrupción, el negociado, la enajenación del patrimonio nacional y el empobrecimiento de una gran mayoría poblacional. Adhiere entonces al pensamiento nacional que toma auge en aquella época. Complementa su educación científica con ideas políticas y formación cultural. Se vincula con hombres como Homero Manzi, claro representante de nuestra cultura y de las nuevas ideas, y la escuela neurobiológica argentina activa en el Hospicio de la Mercedes y el Hospital de Alienadas, luego hospitales Borda y Moyano.

Durante esos años se dedica a la investigación y a la docencia, hasta que en 1939, se hace cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central. Este cargo le permite conocer con mayor profundidad la realidad sanitaria del país. Toma contacto con las historias clínicas de los aspirantes al servicio militar, procedentes de toda la Argentina, y puede comprobar la prevalencia de enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en los aspirantes de las provincias más postergadas. Lleva a cabo estudios estadísticos que determinan que el país sólo contaba con el 45% de las camas necesarias, además distribuidas de manera desigual, con regiones que contaban con 0,00% de camas por mil habitantes. Confirmó de esta manera sus recuerdos e imágenes de provincia, que mostraban el estado de postergación en que se encontraba gran parte del interior argentino.

En 1942, con sólo 36 años, gana por concurso la titularidad de la cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Brillante era su carrera en el mundo científico y académico. Sin embargo, los sucesos históricos harían cambiar radicalmente el destino de su vida y de sus pasiones. Son precisamente estos hechos los que harían que la figura de Carrillo tome dimensiones trascendentes.

Grandes cambios se producen en el país: en 1943 es derrocado el régimen de Castillo y asume un gobierno militar. En este contexto conoce en el Hospital Militar al Coronel Juan Domingo Perón, con quien comparte largas conversaciones. Es precisamente el Coronel quien convence al Dr. Carrillo de colaborar en la planificación de la política sanitaria de ese gobierno.

¿Qué puede sintetizar la personalidad de Ramón Carrillo, médico-humanista?

«...Carrillo nos repetía, siempre, que la manida frase "no hay enfermedades sino enfermos" era un enfoque de la medicina individual pero que las enfermedades debían en serio interesarnos, y aun más, porque afectan muchos individuos ya que afectan a la comunidad. Y porque estudiándolas vamos a las causas, cuya detección muchas veces transciende lo diagnosticable en el paciente individual.

» "El hecho individual es un índice del problema colectivo. No hay pues enfermos sino enfermedades. Hay [pues] que substituir la medicina de la enfermedad por la medicina de la salud. Cloacas, agua, suelo, sedentarismo, alcoholismo, vivienda, etc." Recalcaba que el hombre enfermo es un padre de familia, que trabaja, sufre – que todo esto influye en el proceso recuperatorio más que una determinada cantidad de glucosa. Insistía en que hay que humanizar a la medicina, "no todo es la placa radiográfica", "no vemos el problema social del paciente."

» Decía que: "el hombre enfermo sufre, no trabaja, aumenta el ausentismo, la deserción escolar, etc. y el gasto en insumos, antibióticos, internación." Y dejaba sentado: "Prolongar la vida es también evitar la contaminación del suelo, volver a la alimentación natural – menos latas, pastillas de vitaminas; buscarlas en los alimentos y frutas frescas." Y esto lo escribía nada menos que en el Plan Analítico de Salud Pública, Capítulo Alimentario, año 1951. "Que el régimen de vida artificial lo ha hecho prisionero. Hablemos del monofagismo como referencia", comentaba respecto a la predilección argentina por la barata carne, que tantos problemas ocasionaba por entonces. Hoy, claro, nos hemos ido al otro extremo ».

Perón llegaró a la presidencia, por vía democrática, en 1946, y confirmó al Dr. Carrillo al frente de la Secretaría de Salud Pública, que posteriormente se transformaría en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación.

«... En el hombre está la verdadera riqueza, al ser capaz de fertilizar los campos, criar ganado, levantar ciudades, hacer la historia, crear emblemas y tradiciones. Cuidar a ese hombre física y mentalmente es la mayor responsabilidad. No hay una inversión más justificada, ni más provechosa, que la destinada a gastos en centros sanitarios, de investigación, etc.

» Un país por más pobre que sea no puede darse el lujo de no invertir en investigación. El don de la vida es un don de la salud que nos viene de Dios. Debemos cumplir con nuestro destino para hacer felices a nuestros hijos, para hacerlos útiles a la sociedad y para asegurar la grandeza y prosperidad de la Patria ».

Enfatizaba que "el hombre es más que un domesticador de animales. Su ambición no se satisface con colonizar en su provecho los reinos de la naturaleza. El hombre ha hecho sus esclavos a la electricidad y las fuerzas nucleares y es empresario de las fuerzas del mar y del sol." Como tremenda paradoja, vemos que ha llegado a la Luna antes de haber "extirpado resabios bárbaros que lo empujan a la destrucción de su propia obra.

« Los médicos, si sólo indagamos en el órgano enfermo, corremos el riesgo de pasar por alto el mundo que envuelve al individuo. "De seguir así seremos simples zapateros remendones de la humanidad" ».

En cuanto a la relación entre economía y salud, Carrillo escribió:

"El Estado no puede quedar indiferente ante el proceso económico. No debe organizarlo solamente por filantropía o por motivos sentimentales." La experiencia vivida nos demostró que el mayor ingreso fiscal no es sinónimo de crecimiento económico ni de mejor salud ni de menor pobreza. En el ideario carrilliano, además de motor, la salud debe ser motivo de la economía. A su vez, un mejor desarrollo unido a una mejor distribución genera una mejor salud. No es verdad lo que nos decían, bucólicamente, "hagamos crecer, el resto viene solo".

Es difícil enumerar la prolífica obra del Dr. Carrillo frente a la Salud Pública. Llevó a cabo acciones que no tienen parangón hasta nuestros días. Esta revolución sanitaria, diseñada y llevada adelante por Ramón Carrillo, aumentó el número de camas existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954, cuando se retira.

Erradicó, en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas sumamente agresivas. Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas.

Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.000. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis. Redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil.

Todo esto, dando prioritaria importancia al desarrollo de la medicina preventiva, a la organización hospitalaria, a conceptos como la “centralización normativa y descentralización ejecutiva”. Esta nada tiene que ver con la descentralización que se realizó en los últimos años a nivel hospitalario en nuestro país, que solo responde a fines meramente económicos impuestos por los mercados.

Esta es una brevísima síntesis de los hechos más importantes que generó desde el Ministerio que dirigía. Sin embargo el legado más importante que dejó el Dr. Carrillo fueron las ideas, principios y fundamentos que acompañaron este accionar.

“Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.”

“Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo.”


Estas fueron algunas de las frases que pintan de cuerpo entero a este hombre capaz de abandonar su admirable carrera científica, reconocida a nivel internacional, para entregarse de lleno a las necesidades concretas de su Patria.

Este hombre originalmente formado en el pensamiento científico individualista y biologicista renunció al prestigio y la tranquilidad que le podía brindar su carrera para dedicarse al desarrollo de la medicina social, lugar desde donde podía realizar y concretar sus ideas sobre salud.


Muere a los 50 años, pobre, enfermo y exiliado, recibiendo por correo aportes de su amigo Salomón Chichilnisky tal como San Martín lo hacía de su amigo Aguado, en Belem do Pará, ciudad del Norte del Brasil, el 20 de diciembre de 1956. Quizás pensando, como lo hizo el gran libertador Simón Bolívar, que había arado en el mar ...

En la actualidad, la Salud Pública debe retomar y profundizar el camino trazado por Ramón carrillo. En momentos en que se extiende el discurso reaccionario y manipulador que responsabiliza al Estado de los males que padecemos, es saludable recordar su figura, su obra y -¿por qué no?- retomar sus banderas, poniendo nuevamente al Estado al servicio del pueblo.

Quizás una de sus frases más celebres nos indique que aún su obra está inconclusa...

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.”




El libro "Ramón Carrillo. El hombre... El médico... El sanitarista", declarado de Interés Cultural de la ciudad de Buenos Aires el 21 de abril de 2005, fue producido con gran esfuerzo por su hermano Dr. Arturo Carrillo -quien falleció el 16 de marzo de 2005, una semana después de ver el primer ejemplar impreso- y el hijo de éste, Augusto. Uno de los capítulos y sus numerosas fotografías, así como el Prólogo del Prof. Dr. Armando Basso y el archivo sonoro de una "carta al más allá" que el autor del libro compusiera y leyera para su hermano Ramón, se reproducen en este sitio de red. Para adquirir el libro en papel es posible tomar contacto directamente con el coautor, Lic. Augusto Raúl Carrillo,



correo electrónico: acarrillo@fibertel.com.ar
Tel.: 54 (11) 4792-5701
calle San Lorenzo 2871, Martínez, CP (1640)
Buenos Aires, Argentina.




El Dr. Ramón Carrillo, notable médico sanitarista argentino, ocupó el Ministerio de Salud en el período 1945-1954. Son obras de Carrillo: el tren sanitario, que recorrió las provincias argentinas llevando médicos y equipos para atender, revolucionariamente, no sólo problemas físicos sino sociales; esbozó la "teoría del hospital vacío" que abogaba por la prevención como mecanismo para mantener una población saludablemente activa, poniendo en práctica este concepto específicamente griego de salud; incursionó en lo que podría catalogarse como la arquitectura hospitalaria, dado que diseñó la forma mas razonable para la construcción de centros de atención médica, pero quizá su mayor contribución fue el estudio referido a temas neurológicos y la eliminación del paludismo.

La obra del profesor Daniel Chiarenza fue presentada, en su segunda edición, en la 32º Feria del Libro en mayo de 2006, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



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