miércoles, 6 de mayo de 2009

"Defender al hospital público"



nota publicada
el 3/6/2002


”El problema es cómo se defiende una institución como el hospital público, que resuelve los problemas de la comunidad, y nuestra función es apoyar al Hospital Garrahan”, señala el médico pediatra Fernando Matera, presidente de la Fundación Garrahan.

“No queremos que entre en un período de decadencia como ha sucedido con otros hospitales que en otras épocas fueron muy importantes.” La Fundación tiene un programa de padrinos para sostener la Casa Garrahan frente al hospital de pediatría de alta complejidad que se mantiene como la joya de la corona del deteriorado sistema de salud pública en el país.

También desarrolla otro programa de reciclado de papel en el que participan empresas, asambleas de vecinos, escuelas y centros de jubilados, con el cual complementan al hospital en actividades de formación y de mantenimiento.

–¿Cuántos años tiene la Fundación Garrahan?

–Casualmente vamos a cumplir 15 años en agosto. El Garrahan cumple quince años (la inauguración del Hospital fue el 25 de Agosto de 1987) y la Fundación empezó unos meses después. En realidad, la vida de ambas instituciones es bastante paralela. La razón de ser de la Fundación es el Garrahan, un hospital de alta complejidad que está destinado a todos los chicos de todo el país sin distinción de nivel social o de cualquier tipo y es un hospital que presta una atención en la que se incorporan una cantidad de recursos humanos y de equipos.

–Los hospitales públicos en general han sufrido un fuerte deterioro. ¿Usted piensa que lo mismo puede sucederle al Garrahan?

–Muchos de los que estamos en la Fundación somos de los médicos que pusimos en marcha el hospital. Para nosotros es algo muy serio que esta institución corra el riesgo de entrar en un período de decadencia. Porque la historia del hospital público es la tendencia hacia la decadencia. Muchos hospitales tuvieron un período de brillo, desarrollo y hubo momentos en que las autoridades responsables de la atención de la salud resignaron esa responsabilidad y poco a poco hubo un mayor deterioro. Estamos preocupados porque, en este momento, el hospital es el hospital de todos y, en especial, de los chicos más pobres. No quiere decir que un chico con más recursos no pueda ir al hospital. Por lo general en esos casos los padres se preocupan, si tienen una obra social o una prepaga, de ayudar al hospital. En general la gente que llega es la de menos recursos.

Y además aquí se abordan temas que sólo se pueden resolver en hospitales complejos, como un trasplante renal o un trasplante de hígado o de médula. Se ha llegado a un grado de desarrollo científico-tecnológico muy grande en el hospital, que se puede comparar con otros de primer nivel en el mundo. Hay un reconocimiento internacional. Lo más interesante es cómo uno debe defender las instituciones que resuelven los problemas de la comunidad. Esta es una institución transparente que sin ninguna duda debe ser mantenida y ser prioritaria. Cumplimos una misión de tratamiento de la salud y una misión de formar recursos humanos constantemente como para que se pueda mantener un nivel asistencial adecuado.

–¿De dónde provienen los chicos que se atienden en el hospital?

–Es un hospital público en primer lugar y por eso carga con la gran mayoría de los problemas que padece la población. Es donde se juega la posibilidad de resolver problemas graves, de alta complejidad y donde estén todos los especialistas, los recursos humanos que son necesarios para ese tipo de atención. Teóricamente es para todo el país. Pero el Gran Buenos Aires provee niños para todos los hospitales de la Capital. Tanto en el Hospital Gutiérrez, como en el Garrahan y en la Casa Cuna, la gran mayoría de los pacientes viene del interior y el Gran Buenos Aires, en especial de este último, tanto que debe ser el 60 por ciento del total.

–¿Qué tipo de enfermedades son las más recurrentes en el hospital?

–En general, el hospital atrae a los pacientes por el tipo de patología que tienen. Nosotros hemos avanzado con los problemas graves oncológicos, los tumores graves, malignos, que en la infancia se presentan con una asiduidad significativa y hemos logrado un índice de curación muy alta. Ese tratamiento es muy prolongado y por eso la Casa Garrahan nos ayuda para que, pasado el período más crítico, el chico pueda estar en un hogar, frente al hospital, y durante el día pueda estar con tratamiento.

–A nivel privado esos tratamientos son muy caros...

–Sí, por el tipo de medicamentos, por el equipo necesario, por el tiempo que requieren y por la atención especializada. Muchas veces se requiere la incorporación de un equipo interdisciplinario. El hospital público llena una necesidad. La atención primaria se centra en la casa de los pacientes en la primera etapa, después en los centros de salud y los hospitales de nivel intermedio y culmina cuando el cuadro es muy complejo, en un tipo de hospitales más complejos, como es el Garrahan.

–¿En qué momento el hospital necesitó de la Fundación?

–La Fundación existe casi desde que empezó el hospital, pero en un momento el hospital le pidió a la Fundación si podía crear una institución para complementar la atención y así la Fundación creó la Casa Garrahan, que está frente al hospital. Como si fuera una nueva modalidad de atención médica, que al mismo tiempo permite que las camas tengan una rotación más frecuente, de manera que, al pasar el chico a la Casa Garrahan, puedan internarse otros chicos. Desde su inauguración (25 de Marzo de 1997) en los primeros cuatro años, pasaron por la Casa Garrahan 3200 chicos con sus respectivas madres. Son tres pisos con diez habitaciones cada uno, que tiene un salón comedor con su correspondiente cocina. Allí se instala el chico con su madre o con un familiar femenino, ya que nuestra experiencia es que así la internación es más favorable. A las madres se las provee de todos los alimentos. Y ni los chicos ni las madres pagan nada. En general no se quedan mucho tiempo: un promedio de ocho o diez días. Para la familia que viene del interior implica un costo social grande porque tienen que dejar a los otros hijos a cargo del esposo, lo que afecta sus trabajos. Tratamos de que tengan el menor costo y que la hospitalización sea lo más breve posible.

–¿Con la crisis aumentó la cantidad de pacientes?

–Sucede algo paradojal. Hay pacientes que no pueden llegar porque no tienen plata para el transporte. Y hay mucha gente que no puede pagar las privadas y pasa el hospital público. Como el Garrahan es muy valorado, muy estimado por la comunidad, hace que llegue una cantidad muy grande de pacientes. Y la Fundación apoya el desarrollo del hospital. En un momento determinado puede incorporar equipo, instrumental médico que sirva para una intervención muy importante o para hacer un estudio ectoscópico, al mismo tiempo puede financiar becas de perfeccionamiento tanto para enfermería como para médicos. Tenemos un proyecto para elevar el nivel universitario del hospital. El conocimiento en estas últimas décadas en medicina tuvo un desarrollo impresionante. Si tenemos un desarrollo universitario, un desarrollo académico adecuado, podemos tener una conexión con los centros médicos más importantes del mundo y para eso tenemos una comisión de relaciones institucionales, que a nivel internacional está tratando de hacer un banco de datos para que todos los argentinos residentes en el exterior puedan ser registrados y en el momento oportuno ser consultados.

–¿Médicos y especialistas en salud?

–Médicos, bioquímicos, todos los que integran el equipo de salud. Hace poco mandamos una enfermera del área de nefrología a Israel, donde hay un centro muy importante, para que hiciera una experiencia sobre la organización de los servicios que ellos tienen. La Fundación financia el viaje y la estadía y en tres o cuatro meses vuelve una persona que se ha entrenado en una habilidad que aquí no había, llega con ese know-how y se incorpora al hospital. Tiene que ser algo permanente porque la cantidad y variedad de pacientes exige gran rigor científico y desarrollo de la investigación.

–¿Los vecinos del hospital son conscientes de la función que tiene en la comunidad?

–En este último período el hospital tiene una vinculación variada con la comunidad para encontrar soluciones a las necesidades. Ahora se constituyeron las asambleas barriales, entonces la Fundación ha recibido primero la ayuda en el reciclaje de papel. El primer nexo de los vecinos de las asambleas fue salir a juntar papel. También hay tres centros de jubilados en la zona realizando esta tarea y están los Centros de Gestión y Participación que tiene la ciudad.

–¿Ellos pidieron reunirse con ustedes?

–Ellos se enteraron de la campaña de reciclaje de papel y se les ocurrió que nos podían ayudar. Entonces tuvimos unas cuantas reuniones, después me invitaron a una reunión de la asamblea donde se discutía el tema de salud, me pidieron que participara. Y yo pude comprobar el grado de madurez que tiene la gente, el discurso de la gente es muy interesante. El otro fin de semana hubo una reunión convocada por el CGP de la Ciudad de Buenos Aires, y le solicitaron a la Fundación una colaboración para decidir algunos temas. Nosotros estamos dispuestos siempre a que la comunidad que nos está mirando pueda participar y dé su opinión sobre el destino del hospital.

–Además de detectar que han aumentado los problemas también detecta que ha crecido la solidaridad...

–Es llamativo, estamos descubriendo una intención solidaria muy fuerte en la gente de la zona y en empleados y directivos de empresas con las cuales hemos trabajado, con los chicos de los colegios. Por ejemplo los chicos del Ameghino espontáneamente empezaron a juntar papel, un día se vinieron hasta acá, orgullosos de haberlo hecho. Se le ocurrió a una nena, que habló primero con la maestra, después hablaron con la directora, después con los vecinos y al final armaron una especie de equipo.

–¿La campaña de reciclaje del papel es el principal sostén de la Fundación?

–Nosotros tenemos distintos sistemas para recaudar. La Casa Garrahan depende exclusivamente de la Fundación, no tiene subsidio oficial y por lo tanto es una prioridad para nosotros. El hospital tiene un presupuesto alto y nosotros colaboramos en una parte muy relativa. Pero a la Casa Garrahan la tenemos que mantener nosotros, y usamos distintos mecanismos. Por ejemplo, el padrinazgo. El padrino es responsable del mantenimiento de una habitación. Pagan anualmente o pasan una cuota mensual. Hay distintas instituciones y empresas. Boca Juniors es padrino de una habitación. La mitad más o menos de las habitaciones tiene padrino y hay un padrino general de la Casa Garrahan que es León Gieco, de lo cual estamos orgullosos. Tuvimos una reunión el otro día y Gieco viene y canta para los chicos, realmente es Gardel, muy comprometido, viene al hospital, canta, trae flautas para los chicos, genial. Y los chicos saben esas canciones revolucionarias que León canta. Se crea una mística.

–¿La campaña de reciclaje aumentó mucho en estos meses?

–Si pensamos en toneladas, en los últimos meses se estaban recuperando más o menos 130 toneladas y en este mes llegamos a 230, se ha duplicado y con la posibilidad en los próximos meses de llegar a un nivel muy importante. El papel ya no es basura, debemos tomarlo como generador de recursos y debemos acostumbrarnos a separarlo del resto de la basura.

La campaña también tiene un contenido ecológico.

–Si bien para nosotros surgió como un mecanismo de recaudación de fondos para respaldar al hospital, frente a la respuesta que tuvo la comunidad nos dimos cuenta de que estábamos tocando un área más trascendente que la recaudación. Yo creo que se trata de volver a encontrarnos amistosamente con el medio ambiente. En vez de ser agresivos y de violar la Naturaleza como dijo Bacon, estamos tratando de recuperar esa alianza con la Naturaleza y los chicos tienen una verdadera conciencia de la defensa del medio ambiente, creo que gracias al trabajo de sus docentes. Y creo que éste fue el argumento por el cual los chicos han tomado la iniciativa muchas veces en la comunidad para este tipo de programas. Por cada tonelada de papel que se recicla son más de una docena de árboles que no se talan y también se ahorra energía y agua.

–¿Los chicos que están internados tienen idea de toda la movilización que se produce alrededor de ellos?

–En general, no. Ellos están pasando por un período crítico. Los chicos que van a la Casa Garrahan son del interior del país, no tienen ninguna cobertura ni obra social, las casas de provincia les pueden dar alojamiento y en general tienen una enfermedad grave. Ellos ya tienen su cruz. Tienen mucho apoyo de voluntarios y voluntarias, hay computadoras, hay un órgano, lugares de esparcimiento. Hace poco la hija de García Ferré pintó todos los dibujos de Manuelita en las paredes, vino el mismo dibujante que hizo la película. El Planetario vino con todos sus instrumentos y los chicos pudieron ver la luna y las estrellas. Yo fui con mis nietos también.

–¿La situación de empobrecimiento tan fuerte no ha impactado en la población infantil con problemas derivados de la desnutrición?


–Siempre vimos cuadros de desnutridos graves y algunos tan graves como los de esas fotografías que se veían de Jamaica o de Biafra. Ahora me han impresionado esas imágenes que han salido en los periódicos de chicos argentinos con un grado de desnutrición tan severo. Si los chicos están privados de alimentación durante los primeros meses, sufren un daño mucho mayor que si son más grandes. Hasta los tres años es el período más crítico. Si es más pequeño, digamos de pocos meses, es el período de crecimiento cerebral rápido, de manera que se produce verdadera atrofia cerebral. El cerebro disminuye porque se produce una cantidad de material menor del sistema nervioso. Es irreversible e irreparable. Por eso, los chicos que pasan hambre en este momento quedan marcados. Hay que mirar a los responsables para decirles que son culpables de esa situación. Cuando son más grandes también tienen consecuencias. Es difícil saber hasta dónde es dañado el sistema nervioso porque junto con la privación de alimento hay situaciones muy críticas en las vidas de esos chicos. Si un chico no tiene alimento, tiene un padre que no tiene trabajo, con una angustia ambiental muy grande, no hay esa contención que hay cuando están los recursos y puede estar con el chico, quererlo, decirle que es importante, todo eso que hace que uno madure. Porque en realidad la maduración no es solamente orgánica, es también la maduración de tipo afectivo, porque si uno es reconocido, aprende a reconocer al otro.

—¿El chico que nace desnutrido viene de una madre desnutrida?

–Si hay una madre que no se alimenta bien durante el período del embarazo, seguramente el chico va a tener problemas. Desde el punto de vista emocional un chico que no come está muy molesto, inquieto, irritable en los primeros meses, pero si con el tiempo sigue sin comer, se va entregando, se deprime y es un chico que en un momento determinado ya no molesta, que está vencido. Son chicos que también incorporan la anemia. Son chicos pequeños porque tienen poco desarrollo óseo y en un momento el turgor de la piel desaparece, igual la grasa debajo de la piel y en el último momento se les aplana la cara.

–El problema de la desnutrición infantil ha conmovido mucho a la gente...

–Sí, pero yo me pregunto por qué se habla tanto de la desnutrición en la Argentina. Porque no es la única región. El informe del año pasado de la ONU señala que los países en desarrollo, lo que llamamos los países del Sur, tienen 4600 millones de habitantes sobre un global de seis mil millones. De ellos, mil millones no tienen agua potable; 2400 millones no tienen cloacas; 1200 millones perciben menos de un dólar diario por persona; y 2800 millones, menos de dos dólares diarios. Nosotros nos estamos metiendo en esa estadística. Estos países están en un período crítico crónico y el mundo no demostró sensibilidad. Y se habla de los avances de la civilización cuando existe esta situación. Hay 36 millones de contagiados de sida y el 95 por ciento está en el Sur, el 75 por ciento son de los países del Africa Subsahariana, de cada cuatro habitantes allí, uno está enfermo de sida, y allí los medicamentos valen como en París o en Londres.

Yo creo que se habla tanto de este tema en la Argentina, porque estamos pasando de una situación a otra y todavía no hemos perdido la sensibilidad y por eso espero que no se convierta en una situación crónica, porque confío en que vamos a reaccionar, que vamos a ser protagonistas, la gente está madurando para reaccionar sin que aparezca un salvador que resuelva el tema.

El pueblo argentino va a tener que resolver esta crisis que es social, de representatividad, donde ha predominado la corrupción. Es como una crisis de visión del mundo, hay que empezar a comprender de nuevo al mundo y que eso nos permita crear un proyecto de país.


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